viernes, 22 de diciembre de 2017

Top tres libros que me pervirtieron (más todavía)

Menos mal que iba a publicar una entrada mensual como mínimo, ¿eh? No me hagáis ningún caso para la próxima, soy una perra traicionera, como dice la canción de Agorazein. 

(es una canción de trap deleznable, pero mira, por lo menos os reís un poquito)

Como ya habéis visto en el título, estaba pervertida antes de empezar a leer novela erótica. Cuando tenía siete años, pillé a mi hermano y a mi primo viendo porno, y no se les ocurrió nada mejor que animarme a verlo con ellos. Esa fue mi magistral entrada al mundo de la depravación más absoluta, convirtiéndome en la amiga poco recomendable que hablaba de que la cigüeña era un mito. Sí, esa que hacía gestos obscenos con manos y boca delante del profesor para escenificar una postura sexual. 

No voy a hablar de la de veces que me castigaron por ser Sasha Grey versión minúscula, sino de quiénes me borraron la imagen horripilante de la industria del porno para animarme a imaginar algo más agradable. Tres autoras que me enseñaron que hacer el amor y follar era lo mismo (menos mal que mi madre no me lee) y que, por otro lado, eran dos cosas completamente diferentes. 

No me las voy a dar de doña especial porque no lo soy. Al igual que todas vosotras, hijas de Caín obsesionadas con el señor Zimmerman, yo también empecé a pervertirme con Megan Maxwell (¿sabéis que en realidad se llama María del Carmen? Un dato curioso, cuanto menos). Pero no con Pídeme lo que quieras, una trilogía que no hubo narices a acabar, sino con el primer libro de su trilogía histórica. Otra que, por cierto, no he acabado...


(ya, ya lo sé, soy una lectora española de pacotilla. Mira que dejar a María del Carmen a medias... Imperdonable)

Pero a lo que vamos... 

El primer libro erótico y también histórico que leí fue Deseo concedido. 



Cuando lo leí en su momento me pareció magnífico, sublime, lo nunca visto... ¡Una novela histórica, romántica y erótica, Dios bendito! ¡Vaya cóctel que se ha hecho! ¡Qué genio! ¡Menudo prodigio! ¡Es una mente maestra, la pionera del género...! (cómo se nota que Lisa Kleypas aún no había llegado a mi vida... Días de oscuridad que por suerte tocaron a su fin)

Ahora es un libro más al que le tengo mucho cariño por haber sido el primero y por haberme introducido en el mundo de los buenorros highlanders (buenorros en las novelas, que en la realidad les faltaba toda la dentadura superior, eran tuertos y no medirían más de metro sesenta), lo que no significa que no lo vaya a recomendar. 

En su línea de escribir clichés, remasterizarlos y hacer que no lo parezcan para salirse con la suya, toma a una protagonista indómita, salvaje y con una mala leche de tres pares de narices, y la enrolla con soy-amo-y-señor-de-todo-lo-que-me-rodea. Hay matrimonios forzados, peleas, niños pequeños encantadores, personajes secundarios maravillosos (no te perdonaré que no escribieras un libro para Lolach, Manuela Carmena, no te lo perdonaré jamás), abuelos a los que cogerle cariño, pero sobre todo, tenemos al tío bueno montado sobre su galante corcel que viene a salvar a la que ni quiere ser salvada, ni quiere ser tu esposa, ni quiere nada excepto un meneo. 

Y luego que sea lo que Dios quiera.

Para los que no la conozcáis, María del Carmen escribe que da gusto, tiene un lenguaje sencillo, es dinámica y muy divertida. Deseo concedido es el libro perfecto para iniciarse en la novela histórica, porque aunque tiene sus pinceladas del entorno de entonces y el trato culto y cortés de la época, lo principal siguen siendo los dos protagonistas y su tormentosa relación. Nadie se va a perder con palabras incomprensibles o galanes de época. La cruda realidad es que Duncan es un salido más, solo que con falda escocesa. Así que si pensabas que nunca te gustarían los hombres con falda...

Arrepiéntete, pecadora.



Cuando ya apuntaba a convertirme en una perturbada mental enamorada de la atracción, los morreos que te dejan las piernas hechas gelatina y la fantasía de montárselo en lugares inapropiados, llegó Lena Valenti. 

Voy a inflarle un poco el ego a la señora Lena Valenti comentando que es versátil hasta decir basta, pero sin salirse de su humor, de su prosa y de sus fantásticos personajes. Ha escrito sagas policíacas con misterio, otras de sado-masoquismo, unas terceras con un fundamento fantástico-mitológico, alguna que otra con el humor más vivo. Y en todas se corona como una grande del género.

El libro que cayó en mis manos e hizo cosquillear mi estómago de verdad fue El libro de Jade, el primero de la saga Vanir.

¿De qué va la saga Vanir? Pues de lobeznos y vampiros. Pero vampiros y lobeznos de un atractivo superlativo que intentan salvar a la humanidad de los secuaces de Loki (es como Satanás, para que nos entendamos) y en lugar de alimentarse de pobres inocentes, pues se alimentan de sus parejas. Digamos que tienen un novio para toda la vida (ya me jodería), pero en versión intensa y exagerada: si su pareja la palma, la palman ellos también, primero por la tristeza de perderles y luego porque ya no tienen su sangre.



El problema de toda la saga, sin hacer spoilers, es que Loki, a través de una empresa llamada Newscientist, que se dedica a torturar a estas criaturas para crear clones y ponerlos de parte del malo malísimo, y así desencadenar el Ragnarök, que viene a ser el terrible Apocalipsis.


Se han pasado con el Photoshop haciendo las portadas, pero anda que no quedan molonas. Sobre todo las frasecitas; se monta unos jueguecitos de palabras guapísimos.

La saga tiene en total doce libros (la autora se quedó a gusto), pero yo personalmente me los comí todos en semana y media. Como veis, no está la cosa para hacer reseña de cada uno de los libros, así que resumiré más o menos que Lena Valenti me dio todo lo que quería antes de saberlo: macizorros inmortales, dependencia emocional justificada y chistes que comparan katanas con erecciones.

Como se oye.

Y... *redobles*¿Quién se lleva el tercer puesto?


No me miréis así. Que lo haya leído no significa que me haya gustado, ni que vaya a retirar todo lo que llevo rajando de esta trilogía (que tampoco me he terminado. Menos mal que no soy igual en el sexo, porque si no estábamos apañados). Soy de las que piensan que hay que saber de lo que se habla para criticar, y yo sé muy bien de lo que hablo cuando afirmo que Cincuenta sombras de Grey es uno de los cinco peores best seller de la historia. 

Esto no fue siempre así, por supuesto. Cuando lo leí era una pobre jovencita a medio corromper, como Tess d'Urberville cuando Alec se le insinuaba y ella se ruborizaba. Pensaba que Grey era un encanto de hombre con todos esos traumas, que adoraba y amaba a Anastasia más que a su vida... Gracias a Dios que vino la pubertad, y tras la pubertad, dejé de ser subnormal.

Un poquito, por lo menos.

Por si alguien no lo ha leído (gloria bendita para ti, aún eres pura), este libro narra las aventuras de una mujer en la cama de un millonario, con el que se obsesiona en cuanto lo ve. No tiene mucho más avance o desarrollo personal, solo dos perturbados mentales que lo único en lo que piensan es en frotarse. Hay un intento de añadirle profundidad con traumas en el pasado de Christian Grey, protagonista y héroe de la novela (tan héroe como puede serlo una escobilla del váter); traumas que terminan de perfilarlo como el perfecto psicópata. Pero aun así lo queremos, porque tiene un gran sex appeal, muchísimo dinero, y ¡encima! ¡ENCIMA! está triste.

De todos modos no le voy a quitar mérito a E. L. James; sabe montarse una escena erótica en condiciones y hacer que te guste, que es de lo que estamos hablando.

¿Y vosotras? ¿Cuál fue vuestro primer libro erótico?